Existen varios navegadores para visualizar la web y el claro vencedor en tasa de uso es Internet Explorer. Pero, ¿es una lucha justa?, ¿existe de verdad la posibilidad de decantarse por un producto distinto?
Todos lo sabíamos ya y lo sabíamos muy bien. Era una mala noticia, lo que
se dice una noticia terrible, que afectaba gravemente el desarrollo de Internet, la
seguridad en la Red y la comodidad de los usuarios cuando están conectados.
Internet Explorer, un navegador en esencia impuesto por el sistema operativo... por
lo que a mí respecta, una baratija sin valor... era el claro vencedor de la incruenta
batalla que se libraba en Internet; el destino era, se figura, declarar quién de los
competidores se hacía con la mayor parte del pastel html. La verdad duele: si hace
un año Netscape Navigator- el browser de la suite Netscape- dominaba un ya
insuficiente trece por ciento del sector, hoy su cuota de mercado se ha deslizado
en descenso hasta un moribundo, e irónicamente elitista, tres por ciento del
mercado mundial de navegadores. La noticia, pues, no sólo resulta nefasta para la
compañía Netscape Communications Corp., propiedad de America OnLine, sino
que además afecta a sus usuarios de una manera personal. A fin de cuentas,
Netscape es un clásico, un viejo, viejo amigo desde los comienzos de las travesías
digitales, y parece además una de esas aplicaciones tan significativas que, al final,
quedan asociadas a un estilo de navegar y una forma de entender Internet.
¿Personal? ¿Estilo de navegar? ¿Forma de entender la Red? Así es. Cuando
escribí una
reseña sobre el poderoso e impactante Netscape 7 - uno de los
incrementos de calidad en un software más espectaculares que recuerdo- ,
navegador fruto de un brillante trabajo de programación y sentido común, un
amigo dijo, después de leerla: «No te ofendas, pero estás eufórico». Hacía
referencia a la probable poca objetividad que había puesto en dicho artículo.
Supongo que llevaba razón, pero eso no es algo que me quite el sueño. La idea
consiste en que Netscape Communicator es una manera de ver las cosas en
Internet, un punto de vista común no sólo sobre la navegación en el océano de las
tres «w», que debe ser veloz, provechosa y eficaz, sino también sobre lo que es e
implica la Red mundial.
Digamos que existe una noción básica relacionada con «el modo Netscape»,
por decirlo así. Y es una noción muy sencilla: Internet es de todos y para todos; no
es para Occidente ni para Oriente, sino para el planeta; sus contenidos deben
contribuir a mejorar la salud de las sociedades, y lo hace, desde luego: sienta las
bases del conocimiento bien distribuido, al alcance de todos los que extienden la
mano y desean arrancar un poco de sabrosa información del árbol digital.
Todo eso está muy bien; no obstante, ¿cuál es la relación entre un Internet
libre y abstracto y la suite Netscape? ... El simbolismo, claro. Como sabemos,
Netscape nace del proyecto de código abierto Mozilla, desarrollado por todos los
programadores con suficientes conocimientos para mejorarlo y todos los usuarios
que colaboran en las secciones de aviso de errores, etc. Netscape, al igual que
Mozilla, es la fisura que nos permite acceder a Internet libremente y según las
normas estándar. (Por poner un ejemplo, Microsoft Internet Explorer causa hasta
cinco veces más errores que Netscape Navigator durante la interpretación de las
etiquetas de estilo descritas en el protocolo CSS- 2.)
Sin embargo, cabe decir en este momento que todo lo anterior es genial,
pero en efecto Netscape no es ningún ideal; se trata de una suite programada por
una gran empresa - ¿cuántos miles de millones de dólares se transfirieron en
forma de acciones para la venta de la Corporación Netscape a AOL?-, y puede
decirse sin riesgo a equivocarse que, al margen de que se distribuya gratuitamente, es un producto y un proyecto comercial. Nada que objetar. No
obstante, deben tenerse en cuenta dos hechos adicionales. En primer lugar, éste
es un mal menor que, de forma estricta, no desluce sus posibilidades reales de
plantar cara a las imposiciones de las que hablaré a continuación. En segundo
lugar, el mismo soporte comercial convierte el uso de Netscape en un arma
inteligente y eficaz para luchar, en el mercado de navegadores, en igualdad (¿?) de
condiciones, dado que la batalla web tiene como destino el dinero y la integración
de contenidos para sacrificar a la competencia. Netscape añade servicios adjuntos
al usuario, es decir, valores añadidos con una función muy atractiva: ofrecer una
alternativa integral a los dudosos favores de Internet Explorer. Por poner un
ejemplo, el correo web de Netscape es más duradero y amplio que el de Microsoft,
por no hablar de que además puede prescindir de la publicidad. En el peor de los
casos, el usuario puede desinstalar el navegador, y sospecho que uno no puede
hacer lo mismo con todos. ¿Cierto...?
La difusión de Netscape 7.
Para muchos usuarios, sin embargo, todo eso no son más que pretextos,
porque en su opinión este asunto se resume en una pregunta muy sencilla; a
saber: si Netscape 7 es tan bueno, ¿por qué sólo lo usa un miserable porcentaje
de los navegantes? Bien, a decir verdad eso no es ningún secreto. Con motivo de
la implementación de Netscape 6 pregunté a muchos amigos aficionados a
surfear on- line, pero sin mucho interés técnico por este medio, qué navegadores
empleaban usualmente. “¿A qué te refieres? ¿Puede ser [el nombre de alguna
ISP]?” El caso es que mostraban un gran desconocimiento, y una gran dificultad
previa para distinguir nociones tan elementales como navegador web y proveedor
de servicios de Internet, de manera que me solían responder con el nombre de sus
compañías suministradoras de contenido web. Si ni tan siquiera sabían qué
programa utilizaban para navegar, ¿cómo podían elegir? ¿Cuáles eran realmente
las opciones, Microsoft Internet Explorer y esa escandalosa aplicación, todavía
más comercial, de MSN Explorer? La imagen resulta grotesca, muy parecida a una
de esas escenas típicas de una película del oeste americano; no es difícil imaginar
a un tipo duro, con ojos severos y voz grave que gruñe: “Sus opciones son Internet
Explorer y nada más, amigo, más vale que se haga a la idea”.
Ésa es la cuestión, y no otra; no hay más. Y aunque tal vez podríamos
añadir otro motivo menor... la desidia y el desinterés técnico de muchísimos
usuarios... no podría responsabilizarlos a ellos de las estrategias comerciales, a
menudo poco legítimas, de las grandes empresas de software. En este sentido
puedo decir que aguardo ansioso las resoluciones judiciales, proyectadas en
Estados Unidos y en la Unión Europea, que determinarán de una vez si el que
muchos denominan “el rostro del mal” incurre de facto en prácticas de
competencia desleal, o si por el contrario sus continuas presiones en el sector
informático son razonables en un mercado competitivo. Si los tribunales
norteamericanos y europeos resuelven que en efecto Microsoft comete delitos de
monopolio, Internet posiblemente sentirá un gran desahogo; podremos navegar
por fin sin estancarnos a causa de lamentables exploradores web. (Como
mencionaba con mucho tino, en cierto foro, uno de los evangelizadores de
Netscape, resulta divertido y patético ver cómo mil programadores, y diez años de
trabajo, han dado como resultado algo tan descaradamente torpe como Internet
Explorer.)
De cualquier manera hay un segundo asunto que convendría tratar, aunque
en realidad no es más que una pregunta muy sencilla que admite muchas
respuestas. Se trata de lo siguiente: Internet Explorer viene instalado por defecto
en el sistema operativo más popular del mundo - lo cual es a todas luces un chiste
de lo más divertido- ; los manuales de este sistema operativo plagado de parches
incluyen una vaga referencia a la opción de usar Netscape Navigator como
alternativa a su explorador; teniendo en cuenta ambos aspectos, ¿podemos
considerar suficiente un comentario impreciso y puramente circunstancial par
implantar la libertad digital? Está claro que no. A fin de cuentas, Explorer es un
añadido muy cómodo, mientras que por el contrario Netscape requiere la
instalación desde un CD- ROM - y normalmente las versiones disponibles son
demasiado anticuadas para tenerlas en cuenta- o, en el peor de los casos, la
descarga desde los servidores de la compañía, y eso es demasiado para
conexiones estándar de 56Kb/s.
Éstas son algunas de las tristes causas que explican el inmerecido triunfo
de Internet Explorer. Furiosas estrategias de marketing por una parte, y dudosas
prácticas informáticas por otra, dan lugar a que los virtuosos pierdan crédito,
mientras los peores ganan en convicción, parafraseando al poeta. En resumen,
pues, la suite Netscape es la mejor alternativa cuando, además de tener la mejor
experiencia de navegación, se busca explorar la Red a su manera y sin
imposiciones de ningún tipo. Buen viaje a todos...