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04/10/07 - (Merche Carretero es coautora de este artículo)
Todo empezó en Barcelona con César Martín, sentados en una terraza al lado del mar y saboreando una de las mejores paellas que se pueden comer en la ciudad donde vivimos. Como suele pasar después de una buena comida entre amigos, empezamos a hablar de todo y de nada. La charla fue transcurriendo por temas de lo más diversos hasta que llegamos a los hijos y su relación con la tecnología.
Así que, sin saber muy bien cómo, me encontré contándole a César algunas anécdotas caseras con los hijos y los ordenadores. César comentó que quizás debería escribir algún día sobre ello y, ya veis, mi mujer y yo le hemos hecho caso.
Observar y aprender
Observar a nuestros hijos y ver cómo van desarrollando su personalidad es siempre una experiencia maravillosa, y en materia de ordenadores nos brinda a los padres la oportunidad de aprender a veces más que lo que nosotros podamos enseñarles.
Pero aprender de los hijos requiere dejar atrás ciertos prejuicios sobre el juego y los ordenadores. El verdadero trabajo de los niños es jugar y experimentar y esto es tan respetable como cualquier otra actividad de los adultos.
Los niños no saben de ordenadores
Aunque el ordenador ha formado parte de la vida cotidiana de nuestros tres hijos, no han pasado de ser meros usuarios, espléndidos, pero sólo eso, usuarios. Así que nosotros nos hemos encargado de configurar, arreglar, ampliar, proteger y administrar cualquier ordenador, módem, proxy u aparato cibernético que entrara en nuestro hogar.
Contra la creencia general, los niños de hoy en día no son expertos informáticos, son usuarios que pueden utilizar un ordenador bien o mal. La mayoría de niños que disponen de ordenador en su casa saben tanto de ordenadores como lo que nosotros sabíamos en nuestra infancia de televisores, estéreos y casetes, o sea, nada, sólo saben utilizarlos.
Los niños siempre clican OK
Si algo no tienen los niños es paciencia, cuando desean algo, ha de ser ya. No nos ha de extrañar pues que los niños cliquen siempre el botón "OK" o lo que haga falta con tal de seguir adelante. Añadamos a esto que la mayoría de mensajes les resultan incompresibles y que han interiorizado que la mayor parte de veces el botón OK es el correcto.
Con este comportamiento, corren el riesgo de exponerse a contenidos inapropiados y debilitan la integridad de nuestro sistema informático doméstico. Para evitar esto, en casa les hemos pedido que nos avisen siempre que les aparezca algún mensaje que no entiendan.
Los niños lo instalan todo
Los niños intentarán instalar cualquier programa, juego o lo que sea por el sólo hecho que lo tiene algún amigo. Se diría que una de sus máximas vitales es "si los otros lo tienen, yo también". Normalmente el amigo les pasa una copia y en cuanto vuelven de la escuela lo intentan instalar.
Los riesgos que corren son parecidos a los del caso anterior, por eso es bueno que antes de cualquier instalación nos lo consulten.
Los niños se comen todo el espacio disponible
Un par de años atrás compré un disco de 150 Gb. Creí que tendría dos años de margen antes de que se llenara. Me equivoqué. Cuatro meses duró la ilusión. El causante fue uno de los chicos que, si pudiera, tendría todo Internet en un disco duro. El caso es que es uno de los miembros de la familia que más partido saca de nuestro sistema informático doméstico y por lo tanto no creímos oportuno aplicar ninguna sanción.
Le explicamos cómo afectaba al resto de la familia su hábito de acumular y al final adoptamos una solución consensuada entre todos: le cedimos 50 Gb en una partición exclusiva para él, y los demás compartimos los 100 Gb restantes, puesto que no necesitábamos más.
Este sistema ha funcionado de maravilla y le ha servido para aprender a administrar su espacio en disco.
Despedirse en el Messenger es "sólo un minuto" interminable
Especialmente cuando los hijos llegan a la adolescencia, les invade la necesidad de estar permanentemente en contacto con los amigos. Sentirse parte de un grupo les ayuda a autoafirmarse y a sobrellevar los cambios que sufren a esa edad.
Una de las reglas de nuestra casa es que la cena es un momento para compartir entre todos. Todos deben ayudar a poner la mesa y cenar juntos. Así que cuando llega la hora les decimos en voz alta y clara: "a poner la mesa". Los que están conectados al Messenger se vuelven sordos y parece que estén en estado cataléptico. No desfallecemos y al cabo de unos segundos repetimos: "a poner la mesa". En ese momento despiertan de su letargo y sueltan: "ya me despido, es sólo un minuto". Os digo yo que este minuto dura tanto que se hace interminable.
Este tipo de situación nos brinda a los padres la ocasión para hablar con los hijos sobre el respeto al resto de los miembros de la familia, la asunción responsabilidades, la organización del tiempo personal y de muchas cosas más.
Imprimir es gratis
Los adolescentes y los jóvenes son frecuentemente los abanderados del respeto al medioambiente y a menudo con las posturas ecologistas más radicales. Sorprende, por todo ello, llegar a casa un día y encontrarse con que alguien se ha zampado medio paquete de papel y la parte correspondiente de tinta haciendo pruebas de no se qué trabajo de la escuela.
Los niños y adolescentes no tienen conciencia del coste medioambiental y económico de sus actos. Para ellos el papel, la tinta, los CD's, las baterías y en general cualquier consumible, son objetos que aparecen en casa por arte de magia.
Dependerá de nosotros, los padres, que con nuestro ejemplo y nuestra actitud les hagamos reflexionar sobre las consecuencias de sus decisiones y hacerles partícipes de que, moderando su consumo, pueden ayudar tanto a la economía familiar como contribuir a mejorar la salud del planeta.
En Internet, discernir entre ficción y realidad no es sencillo
Una tarde, mientras estaba leyendo en el salón, la menor de la casa estaba muriéndose de risa ante un vídeo de YouTube. Me acerqué dispuesto a reír yo también cuando advertí que el vídeo en cuestión era un surtido de accidentes y tortazos reales. Le pregunté si sabía que en esos accidentes la gente se había hecho daño de verdad y me di cuenta de que no lo tenía del todo claro.
En la televisión hay una programación y los padres podemos como mínimo decidir qué se puede ver y qué no. En Internet no funciona de esta manera. YouTube, por poner un ejemplo, contiene de todo, ficción y realidad se mezclan en el mismo canal y a determinadas edades discernir entre una cosa u otra no es nada fácil.
Es por ello importante hablar con los hijos de los contenidos a los que se exponen y de los valores positivos o negativos que según nuestra opinión transmiten.
¿Protegerlos o sobreprotegerlos?
Hablando de hijos e Internet, es inevitable tratar de algo que a todo padre y madre preocupa: cómo proteger a los hijos de contenidos inadecuados y de agresiones externas relacionadas con la violencia, la pornografía y la pedofilia. Hay voces mucho más expertas que las nuestras y os aconsejamos que ante todo visitéis alguno de los sitios web de referencia como: www.protegeles.com, chaval.red.es y www.asociacion-acpi.org.
Los padres hemos de proporcionar a los hijos estímulos y herramientas para que experimenten y desarrollen sus habilidades y el ordenador es una de ellas. Su curiosidad innata les lleva a experimentar a través del juego y esto deben hacerlo en un entorno seguro que les proteja de daños graves hacia su persona y hacia los demás.
Cuando nuestros hijos juegan en un parque público, aunque les dejemos cierta libertad de movimiento, les damos unas pautas, les ponemos unos límites y estamos alerta e intervenimos así que intuimos que corren algún riesgo importante. De la misma manera debemos comportarnos cuando nuestros hijos se conectan a Internet: hemos de saber lo que hacen y con quién y establecer ciertas normas y límites sin atemorizarlos ni sobreprotegerlos.
Normas y límites en Internet
Estas son las normas que en casa nos han sido más útiles:
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Informe de Josep Casanovas*
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