A diario oímos hablar de música, de películas, de viajes y periódicos, de cómo se pueden adquirir o incluso descargar gratuitamente a través de Internet. Son los productos y servicios más demandados por los internautas.
Los formatos de descarga y la sencilla distribución entre los usuarios han permitido un desarrollo sin precedentes que en principio nos permite estar más informados, disfrutar de forma más sencilla y barata de la música y del mundo audiovisual. Pero también el universo de la literatura y los libros pasa por un importante momento, aunque quizá no tengan tanta repercusión.
De momento, y entre otros, Google lleva un año digitalizando libros, o lo que es lo mismo, permitiendo su lectura y descarga a través de Internet mediante su servicio
Google Print. Este servicio permite que cualquier editorial pueda publicar un extracto de una obra escrita y así facilitar su conocimiento por parte del mercado. A esta información se pueden añadir datos del autor y otra información de interés para el usuario. Pero Google, además de esta iniciativa de interés para el mundo editorial, ha tomado la decisión de digitalizar íntegramente obras ya editadas, fundamentalmente descatalogadas, para su descarga y lectura gratuita. La polémica está servida.
El fin último de esta empresa, que ya es mucho más que el buscador que todos conocemos, es convertirse en la biblioteca más importante del mundo y que ésta se encuentre al alcance de todos gracias a un golpe de ratón. Gran ambición, como casi todo lo que emprende Google, aunque como en la mayor parte de las ocasiones, no demasiado original.
La digitalización de libros, un asunto viejo
Existen varias iniciativas dirigidas a la digitalización y creación de bibliotecas virtuales. Sin ir más lejos, un proyecto desarrollado por un estudiante de la universidad americana de Illinois, denominado
Gutenberg y puesto en marcha hace más de 30 años, sentó las bases de la primera biblioteca virtual o electrónica. Este proyecto tuvo un gran desarrollo gracias a la extensión de Internet y actualmente permite la consulta de 66.000 libros de forma gratuita y legal. El secreto, la tenacidad de su promotor y los miembros de la iniciativa, que sobre todos en sus comienzos y debido a la tecnología de digitalización que reinaba entonces, implicó muchísimas horas de trabajo artesanal picando páginas y páginas.
Libros en castellano y francés
Si algo tienen en común los dos proyectos mencionados es que provienen del mundo anglosajón y por ello se han centrado en ofrecer obras originales en inglés, en detrimento de otras lenguas y obras también de valor universal. Por ello en España y Francia, además de en otros países, instituciones comprometidas con el desarrollo de otras lenguas, han tomado las riendas de proyectos de bibliotecas virtuales que permitan el acceso a través de Internet de importantes patrimonios culturales. Es el caso de
Cervantes Virtual, el portal puesto en marcha por el Instituto que vela por la lengua castellana y que ya ofrece cerca de 16.000 obras, en su mayoría en castellano, aunque también en otras lenguas. Como no podía ser de otra manera, la obra más descargada hasta la fecha es El Quijote, hasta en 300.000 ocasiones.
Por su parte, Francia cuenta con
Gallica, una iniciativa similar a Cervantes Virtual que ofrece más de 70.000 obras en francés y que pretende ser una de las piezas fundamentales de difusión de la cultura y lengua francesa en todo el mundo.
¿Y quién es el que gana con todo esto? Pues por muchas dudas que surjan en el mercado editorial, de nuevo el usuario, ya que de forma sencilla tiene a su disposición miles de obras escritas que le permitirán formarse y entretenerse, adquirir conocimientos y disfrutar de momentos emocionantes mediante la lectura, algo que cada vez más personas olvidan. Quizá sea de forma menos romántica, sin decorar los estantes y paredes de casa con los lomos de novelas, ensayos y poesía, pero al fin y al cabo seguirá siendo cultura, que es lo que más importa.